EL PROBLEMA NO SIEMPRE ES LA FALTA DE LIDERAZGO
Hay empresas donde todos saben qué decisión debe tomarse.
El problema es que nadie sabe quién puede tomarla.
Es algo que he observado en organizaciones de distintos tamaños.
El problema no siempre es falta de capacidad o liderazgo.
Muchas veces es la propia estructura.
Una aprobación pasa por tres o cuatro personas.
Los equipos esperan autorización para resolver situaciones que conocen perfectamente.
La información llega tarde.
Y decisiones operativas terminan escalando innecesariamente hasta la Gerencia General.
El resultado es una organización que trabaja, pero decide lentamente.
Y en mercados que cambian cada vez más rápido, esa lentitud tiene un costo.
Por eso, cuando hablamos de transformación empresarial, también deberíamos revisar cómo está diseñada la empresa para tomar decisiones.
Preguntas clave:
¿Están claras las responsabilidades?
¿Las personas saben hasta dónde pueden decidir?
¿Existe información confiable para hacerlo?
¿O todo sigue dependiendo de unas pocas personas?
La agilidad empresarial no consiste en tomar decisiones apresuradas.
Consiste en construir una organización donde la decisión correcta pueda tomarse en el nivel correcto y en el momento oportuno.
Cada vez estoy más convencido de algo:
Una empresa no se vuelve más ágil porque su gerente decida más rápido.
Se vuelve más ágil cuando su estructura permite que buenas decisiones ocurran sin que todo tenga que llegar a la gerencia.
